Violencia en los pueblos

Reconocemos que la cuarentena preventiva y obligatoria no es la causa de las violencias, como reconocemos también que es una característica que puede agravar las situaciones de esta índole.
A diario vemos casos de violencia de género en la televisión en “ciudades grandes”, o muy alejadas, y nos horrorizamos, nos sorprendemos, nos espantamos; pero suele ser muy común que así como nos impactan los casos que son de lejos, omitamos, silenciemos y hasta neguemos las violencias que ocurren en nuestro propio pueblo, que también son diarias, que también son cotidianas, que también ponen en riesgo la vida de nuestras mujeres.
Vivo en una localidad de Entre Ríos, Argentina, que se llama Villa Elisa y tiene menos de 15.000 habitantes. En la tarde de ayer un muchacho de 30 años intentó prender fuego a su ex novia de 20, rociándola con nafta. Afortunadamente no llegó a concretar el hecho, pero sí fueron agredidas tanto ella como su hermana y su mamá, que en definitiva, fueron quienes lograron salvarla para que el hombre en cuestión no la quemara viva.

Ayer también, en Santo Tomé (provincia de Santa Fe, Argentina), una mujer fue gravemente herida cuando su marido y padre de sus tres hijos le arrojara una olla con agua hirviendo sobre su cuerpo, ocasionándole enormes quemaduras que pudieron costarle la vida. No fue la primera vez que es agredida por este hombre, quien la ha atacado incluso frente a sus propios hijos.
Y así, cientos y cientos de casos para contar, que por una u otra razón no llegan a los medios nacionales, y quedan en silencio.
Estas cosas nos pasan a las mujeres en Latinoamérica, diariamente. Ni en casa estamos a salvo.
Y por muy reiterativo que suene, por mucho que piensen que es ponernos en el lugar de
víctima, lo que hacemos es visibilizar una realidad que se ha llevado a miles de mujeres en
manos de su agresor.
La única forma de lidiar con la violencia machista y sistemática, es reconociendo de qué
manera existe, cómo se expresa, cómo y dónde aparece, y sobre todo: quiénes la sufrimos, quiénes la padecemos.
Como colectivo, desde Femicanas: el aquelarre, repudiamos estos hechos y consideramos urgente implementar políticas públicas que apunten a la prevención, pero también que tengan un abordaje adecuado para la atención de estas situaciones una vez ocurridas. No podemos seguir expuestas y desamparadas, y estos crímenes no pueden continuar en la impunidad.
¡VIVAS Y LIBRES NOS QUEREMOS!


***Colo***

ESTOY FURIOSA

Estoy furiosa, indignada, impotente. Nos piden a nosotras que no seamos violentas cuando en el mismo día que le dan perpetua a Galarza absuelven a Panadero, uno de los policías imputados por el crimen de Natalia Melmann, hace 17 años, secuestrada, violada y estrangulada en Miramar.

Pudimos contar 300 femicidios en un año, y ¿saben cómo se manifiesta nuestra violencia? En frases que posteamos por Facebook, sin amenazar a nadie, sin matar ni violar a nadie. Pero celebran la igualdad porque a Nahir le dieron perpetua; cuando el juicio más largo por femicidio en nuestro país llevó 36 meses, cuando hay femicidas que todavía no tienen condena ni prisión preventiva.

Pero los factores que ponen en la balanza para tratarnos de violentas tienen que ver con una maldición escrita, o una quema de corpiños en el centro: y por eso nos dicen violentas.

Y sinceramente es algo que nunca voy a poder entender, que seamos nosotras las asesinadas, empaladas, quemadas y descuartizadas y por reclamar y exigirnos libres y con vida, nos digan violentas, no me cabe en la cabeza. Me vuelvo loca tratando de explicar ese fenómeno, me digo que el patriarcado, que los medios de comunicación, etcétera, etcétera, pero no me alcanza, no puedo creerlo y ya.

Y disculpen que sea tan subjetivo este escrito, pero necesito quitarme la bronca y me bastará que por lo menos una persona lea y comprenda lo que siento, todos los sentimientos que en este momento recorren literalmente mi cuerpo, mi cabeza.

Romper un sistema y encima cuidar de no herir las susceptibilidades de quienes aún no están preparados para iniciar la reflexión y cuestionarse su posición, no podemos con todo.

Allá ustedes si eligen todavía, y después de todo, llamarnos violentas por hacer el barullo necesario para ser oídas, mientras una de nosotras es cruelmente asesinada cada día; allá ustedes…


***Colo***