Sororómetro

NO ROMANTICES LA SORORIDAD. Hablo en serio. No me malentiendas, es una de las cosas más bellas que te deja el movimiento feminista. Pero sigue siendo una utopía en medio de un sistema dominado por la misoginia, la competitividad y el egoísmo. Muchas mujeres no son feministas y desconocen totalmente su significado, otras son feministas y no la ponen en práctica. Pero… ¿qué es la sororidad? Es una forma de traicionar al patriarcado y a la enemistad entre mujeres que nos ha enseñado a normalizar, una alianza estratégica entre mujeres feministas, un pacto para no ejercer conductas machistas sobre otras que también son oprimidas por el machismo. Lastimosamente, algunas sí saben lo que significa pero no le otorgan la importancia suficiente como para aplicarla en el contexto cotidiano; es más, se aprovechan de que existe este término para, nuevamente, juzgar a otras mujeres diciendo si cumplen o no cumplen las expectativas del concepto, aplicando algo que llamaré “el sororómetro”. Cuando, en lugar de volverse un medio de complicidad, se usa como excusa para criticar o incluso abusar de otras compañeras, se pierde el peso original y se cae en el despropósito de que sea otra forma de competencia y desprestigio a la otra, tal como las prácticas patriarcales que queremos erradicar.

“Esta no es lo suficientemente sorora”, “te falta más sororidad”… unas veces puede ser una genuina observación con el interés de ayudar al crecimiento personal de la compañera, y otras puede ser un sutil mecanismo de crítica desmoralizadora que pretende ensalzar la deconstrucción de quien lo dice señalando fallas en la de la otra.

Entonces, ¿qué NO es la sororidad? Pienso, para hallar la diferencia, en todas aquellas conductas tóxicas que me lastimaron y en todas aquellas que me hicieron sentir apoyada y fortalecida, y en su relación con los conceptos feministas. Porque, si bien no deberíamos estar pescando las fallas de las demás, tampoco debemos dejarnos pisotear por acciones misóginas solo porque vienen de otras mujeres y nosotras tenemos la intención de aplicar la sororidad a rajatabla.

Encontré sororidad en mi madre, quien me secó las lágrimas tantas veces, incluso después de que hubiera desoído sus consejos de manera ciega y altanera, incluso hiriente. Encontré sororidad en esa amiga que me brindó contención al desesperarme de angustia y decidió brindarme su apoyo para encarar la situación que me atormentaba, llevándome en su auto y haciéndome reír en incontables situaciones. Encontré sororidad en esa compañera de clases que me envió todas las tareas por redes sociales cuando estuve enferma, que me invitó a sus actividades y participó de las mías, y siempre me guarda un asiento a su lado en el aula y me avisa de cualquier trabajo práctico. Encontré sororidad en esa chica que me pintó los labios para salir a marchar. Encontré sororidad en esa desconocida que me prestó una toallita en un baño público. Encontré sororidad en esa mujer que me vio llorar en el autobús y empezó a mostrarme fotos de su perro para que me calme. Encontré sororidad en esa desconocida que me ajustó el cierre del vestido en una fiesta. Encontré sororidad en esa compañera que siempre secunda mis propuestas en asambleas y se asegura de que yo diga lo que quiero decir a pesar de que otras personas me interrumpen. Encontré sororidad en esa chica que me regaló cupcakes veganos de mi tienda favorita por mi cumpleaños, y una agenda lila y verde, porque sabía que el veganismo y el feminismo eran importantes para mí. Encontré sororidad en esa compañera que me llevó a dormir a su cuarto y me prestó su ropa de pijama cuando volvimos muy tarde de una reunión. Encontré sororidad en esa chica que me invitó a talleres, debates y reuniones, y me acompañó fielmente a cada una. Encontré sororidad en esa desconocida que dejó de caminar para increpar a un grupo de albañiles que me silbó y dijo cosas groseras. Encontré sororidad en un grupo de amigas virtuales de otros países que se preocuparon y me buscaron a pesar de la distancia física cuando no pude conectarme por unos días, y que luego me apoyaron cuando les conté la causa de mi desaparición temporal. Encontré sororidad en esa compañera de otro país que se detuvo a visitarme en uno de sus viajes solo para conocerme en persona. Encontré sororidad en esa chica que me regaló una flor en la parada de autobuses porque le dije que el ramo que llevaba era muy lindo. Encontré sororidad en esa chica que me defendió  sin conocerme todavía cuando un fulano inventó rumores de mí porque lo rechacé, y vino a contarme y ponerse de mi parte.

No encontré sororidad en esa “compañera” que, sabiendo de mi delicado estado mental, decidió criticar en tono burlesco mi falta de eficacia al desempeñar ciertas tareas. No encontré sororidad en esa chica que me exigía que me quede callada cuando personas machistas me azuzaban porque si yo contestaba “haría ver mal a las feministas”, dando más importancia a nuestra reputación colectiva ante ojos de quienes ya nos ven como nazis que a mi bienestar como militante. No encontré sororidad en esas chicas que vieron que me estaban agrediendo en el pasillo y no intervinieron en el momento a pesar de mi evidente incomodidad, sino que vinieron a decirme cosas después y además para criticarme. No encontré sororidad en esa chica que fingió ser mi amiga pero les habló mal de mí a todas mis amigas solo porque yo era feminista y ella no. No encontré sororidad en esas chicas que se aprovecharon de mi entusiasmo por la causa que militábamos y trataron de exigirme que cargue con más responsabilidades de las que podía asumir sabiendo que yo estaba mal. No encontré sororidad en esa “amiga” que criticó tanto mi exceso como mi falta de peso mientras yo atravesaba severos trastornos alimenticios. No encontré sororidad en esa chica que me oyó hablar de lo mucho que había llorado y empezó a hablar de lo bien que la pasó ella en contraste, como escupiéndome en la herida. No encontré sororidad en esas que se dicen feministas y me sonríen a la cara pero hablan pestes y culebras de mí porque nuestra conducta y estilos de militancia son distintos. No encontré sororidad en esa amiga que apoyé en todo momento en que estuvo mal pero nunca me valoró como persona, excluyéndome de sus momentos alegres y reduciéndome a un paño de lágrimas en lugar de una amistad. No encontré sororidad en esa chica que presenció que fui atacada pero sin embargo salió en defensa de mis agresores.  No encontré sororidad en esa chica que defendió a un violador solo porque era su amigo. Y no encontré sororidad en esa chica que me acusó de no ser lo suficientemente feminista y sorora porque no podía cumplir con sus exigencia personales y me desestimó como inútil al sentirme abusada por su conducta autoritaria y decidir no dejarle pisotearme más.

Y así yo misma no pretendo crear un sororómetro, no me malinterpretes, sino que pretendo ejemplificar a modo de aclarar el concepto usando de comparación las conductas que yo sentí sororas o no sororas. Lastimosamente pasa que muchas feministas autoritarias pretenden exceder los límites de la cortesía y aprovechar tu disposición y amabilidad, y si no les dejas, utilizan la sororidad como pretexto para que cedas ante sus exigencias, estilo “si no me dejas pisotearte porque soy mujer y feminista también, no estás siendo sorora”.

Pero por sobre todo, la sororidad es un arma de doble filo cuando nos aplicamos el sororómetro a nosotras mismas como mecanismo de autocensura. Es bien sabido que somos empáticas con las necesidades de cualquier persona menos con nosotras mismas. Que el querer ser sororas con otras mujeres no nos convierta en su tapete, porque el autocuidado es sumamente importante y una forma de amor antipatriarcal sororo también. No tengamos miedo de decir que “no” solo porque la otra es mujer, de tolerar conductas tóxicas y machistas solo porque la otra es mujer, de no anteponer el placer momentáneo de otra a nuestra propias necesidades también. ¿Cuántas veces admiramos cualidades en otras que atacamos duramente en nosotras mismas? Antes de sacrificar todo por otras para considerarnos más sororas según las escalas sororómetras, recordemos que somos todas personas y que como tales tenemos derecho a tomar decisiones sin que alguien más use una vara para regular nuestra conducta, especialmente en un movimiento que aboga por nuestra libertad de ser y existir sin ser juzgadas. Seamos sororas de verdad, dejemos de comparar niveles de deconstrucción si no nos gustan las actitudes de otras y recordemos que tratar de censurar actitudes con actitud coercitiva es algo sumamente patriarcal, por lo que no deberíamos practicarlo en espacios feministas y menos aún con un término que engloba la ternura o solidaridad antipatriarcal entre compañeras. Se supone que todas somos compañeras, no competencia, y que nadie nace deconstruida y sin embargo tiene sus tiempos y procesos.

Ser sorora también es no juzgar qué tan sorora es la otra.

~Soledad.

En la Argentina feminista

En semanas anteriores, se realizó en Trelew (Chubut) el 33º Encuentro Nacional de Mujeres, que tuvo una convocatoria impresionante recibiendo gente literalmente de todo el país y de todas las edades, llevándose a cabo más de 70 talleres y una marcha multitudinaria que reunió más de 50.000 mujeres.

Como era de esperarse, no tardaron en llegar a los medios y las redes ese tumulto de información segmentada y tendenciosa que no busca otra cosa que debilitar el movimiento. Sí, es cierto que un grupo reducido de mujeres pintaron la pared de una capilla e incendiaron una parte de ésta, e insisto en lo de grupo reducido porque no en todos los medios lo aclaran, más bien apabullan diciendo que “las mujeres del Encuentro…” como si fueran todas.

Varias cosas hay para pensar a partir de esta situación que, no nos sorprende para nada, se utiliza según las pretensiones de cada quién. En primer lugar, no es necesario ser demasiado avispa para darnos cuenta de que es verdad, que seguramente el fuego y las pintadas no son las formas. Pero lo que aparece con esto es que no son esos actos en sí mismos los que llaman la atención o indignan, sino que lo hacen por provenir de un movimiento que en los últimos tres años ha crecido y se ha sostenido de una forma inexplicable. Y esto que digo tiene un fundamento muy sencillo, ya que cuando pasan cosas similares pero en otros ámbitos, a nadie le indigna tanto. De hecho, en Argentina, se queman más mujeres que capillas, pero está naturalizado, ya es normal. Hay un femicidio cada 30 horas. Ante esta situación las mujeres respondimos, decidimos no hacer más silencio, y eso al estómago de este país le está costando bastante digerirlo. Cada vez que una de nosotras es asesinada, descuartizada, empalada, violada o quemada, aún en pleno siglo XXI, sigue apareciendo el discurso del “algo habrá hecho”, ¡ah! Pero eso sí… Pintan una pared y ya somos unas “feminazis”. Siempre insisto en que no sé si no saben lo que fue el nazismo, o cuál es el problema, porque debe ser la única situación en la que quienes sufrimos la violencia a diario somos acusadas de asesinas (y eso que no hemos matado a nadie). Como eso, el discurso conservador argentino está lleno de paradojas y contradicciones insostenibles y jamás analizadas por quienes las reproducen. Otro ejemplo muy claro tiene que ver con que nos acusan de ponernos en el lugar de víctima: a ver, decir que cada treinta horas una de nosotras es asesinada, y vivir con el miedo de saber que en cualquier momento te puede tocar a vos, no es victimizarse, es manejarse con los datos de una realidad que se encuentra nada más al levantar la vista del propio ombligo. Ahora bien, si nos limitaríamos a victimizarnos, no estaríamos tan organizadas y hermanadas. Pero, resulta que eso también genera incomodidad. El feminismo tiene una historia larga, pero por muchos años fue cosa de algunas pocas mujeres, y ya no. Ahora cualquiera puede reconocerse en él, apoderarse, apropiarse, constituirse de nuevo, esta vez desde un lugar menos dañino y más saludable.

Las críticas provienen de todos los sectores independientemente del sexo, y reproducen cuestiones que no tienen que ver con el movimiento; sin embargo, esa información errónea, inventada, sin fundamentos, es la que más rápido circula, y a quienes no les gusta investigar, adentrarse, indagar, prefieren creerla a ojos cerrados y compartirla para que se difunda más, y más, y más.

De 50.000 mujeres hubo 10 detenidas por los “disturbios” y esas 10 se llevaron todas las miradas. Quizá tenga algo que ver con que genera una sensación rara que éste sea un movimiento tan heterogéneo y a la vez tan organizado, sororo, comprensible y que ha aprendido a avanzar a pasos agigantados incluso a pesar de las diferencias internas, porque algo así no se ha visto nunca en Argentina.

La gente salió a pedir que vuelvan los militares, que nos maten a todas, que cuando salgamos solas “ojalá nos violen y nos rompan el…”, no voy a decirlo, no es necesario. ¡¡PERO LAS FEMINAZIS SOMOS NOSOTRAS!!

Por alguna razón hay un sector muy íntegramente constituido, que reúne a mucha gente, que avanza siempre sobre los movimientos que buscan hacer valer los derechos de gente que durante siglos fue silenciada, reprimida, asesinada. No sé si viven la plena vigencia de los derechos de lxs demás como una amenaza, pero sí sé que estamos en el camino correcto precisamente porque si nos atacan a nosotras con el ímpetu que lo hacen, es porque cada vez estamos más cerca.

Pueden decir que les molestan los disturbios, los mismos que se generan post partidos de fútbol cada fin de semana y de los que ni mención hacen, pero sabemos que no es eso, sabemos muy bien que no.

Juntas, organizadas. Por vos, por mí, por nosotras. Por nuestras madres, hermanas, sobrinas, amigas, por todas las que no conocemos ni nunca vamos a conocer. NO ESTAMOS SOLAS NUNCA MÁS.


***Colo***

Lo que se está viviendo

Fue agosto y en Argentina se vivían momentos de gran expectativa. Queríamos la Ley, soñábamos con esa media sanción, deseábamos que el proyecto pase a Senadores. Se habían terminado los debates en diputados, habíamos escuchado alumnos, docentes, juristas, médicos, artistas. Escuchamos también a retrógradas, falsos pro-vida, curas y otras cacas…

Pero acá, muy cerquita, muy adentro, en el interior del interior, pasaban cosas. Nos empezábamos a encontrar las voluntades y nos uníamos para luchar por nuestro derecho a elegir. Acá, muy cerca, una mamá escribía a sus hijas su vivencia, su testimonio, su dolor. Una mamá, desde sus entrañas, hablaba con todo el amor y la crudeza de la realidad vivida…

Yo la escuché una tarde y lloré.

#SeráLey

Juana a la Hoguera

“Lo que se está viviendo... solo nosotras, las que nos hicimos un aborto clandestino sabemos por lo que se pasa. El miedo cuando entrás y no sabés si vas a salir. Que te van a dormir y no sabés si te vas a despertar, y cuando despertás no entendés nada. Te duelen hasta las pestañas, te piden que te quedés quieta, pero claro, si me quedo quieta, en mi casa se van a dar cuenta... y no te animás a contarles a tus amigas, porque la mayoría no aprueba el aborto. Porque muchos no paran y piensan… y te quedás ahí con el cuerpo doliéndote entero, y te preguntan si querés ver lo que te sacaron. ¡No señor, no quiero ver! Porque que haya decidido hacerme un aborto no significa que me dé lo mismo, que no entienda que lo que me sacó usted, es una parte mía, nos guste o no, es una parte mía. Y entonces no ves y te vas. Y te refugiás en cualquier lugar, porque no podés llegar a tu casa hecha mierda, con ojeras, menstruando mares, saliendo de una anestesia total y decir: Hola, me voy a acostar porque vengo de hacerme un aborto clandestino.

Y te acostás donde podés, (yo, en la casa de mi novio) … y llorás… ¿Sabes qué? Sí, aunque los supuestos pro-vida no lo crean, llorás. Llorás porque te ultrajaron, porque maltrataste tu cuerpo, porque empezás a sentir que podías haber muerto, nadie te acompaña en esta parte... sangrás, sangrás mucho... y te duele el cuerpo, porque nadie te dio un calmante, porque tenés que quedarte quieta, ¡bien quieta!, te dijeron. Pero si me quedo quieta, ¿óomo me limpio? ¿Cómo me cambio los apósitos? ¿Cómo llego al baño a hacer pis? A hacer pis, ¿me entendés?

Salgo de una anestesia como puedo. Salgo de mis miedos como puedo. Porque yo elegí por mí, pero no tuve la posibilidad de hacerlo cuidando mi cuerpo. Porque muchos años después me enteré que tengo el útero invertido. Y te preguntan: ¿tenés hecho un aborto? ¿Entendés lo que me preguntás? Si te digo que sí me metés en cana, pero si te digo que no, corre riesgo este embarazo que sí elegí seguir en curso...

Cada vez que tengo sexo, ¿sabías que cada vez que tengo sexo, según la postura... (perdón, pero me divierto igual que cualquiera) según la postura, me duele el útero?... Y entonces, ¡no puedo!

No creas que legalizar el aborto es permitirnos matar a alguien. Legalizar el aborto es asegurarnos vivas, sanas y acompañadas. Hubiera pagado en oro ese día por tener a mi lado a alguien que me diga: Quedáte tranquila, vas a estar bien. Vas a estar segura y atendida. Dormíte. Relajá el cuerpo. Nosotras te cuidamos. ¡Vas a estar viva!

Sabés que son muy fuertes las secuelas del abandono físico que sentís en ese momento... y del emocional. Porque si tu compañero después no te pregunta cómo estás nunca más, lo llevás sola, lo superás como podés, lo traés en terapias y terapias… porque después te hacen creer que no sos digna de ser mamá, te hacen creer que sos una asesina, sin alma, sin escrúpulos, sin sentimientos... ¿Y saben qué? El haberme decidido después a ser mamá, es lo que me lleva a estar escribiendo acá. Porque mis hijas, sí, dos mujeres... qué loco, ¿no? Son las que me mostraron que si puedo, que soy digna de ser mujer, mamá... ¡que aunque me haya hecho un aborto soy digna de ser mamá! ¡Las amo, mis guerreras favoritas!”

Paola Batrouni 

 


Foto:Paula Rego, 1998)

 

Mujer, no estás sola

Mujer, No Estás Sola.

A lo largo de mi vida, he visto muchas mujeres padecer los embates de la violencia. Yo misma los he padecido. Estar dentro de un círculo de violencia es tan terrible que una misma no puede comprender por qué sucede. En muchas ocasiones, como mujeres, llegamos a culparnos de esas circunstancias que vivimos. No es otra cosa que la normalización de la violencia machista a la que estamos sometidas. Tampoco es fácil darnos cuenta, y menos si estamos rodeadas de mujeres que nombran a las circunstancias como comunes.

En muchas ocasiones, es necesaria la propia apertura, la necesidad de ya no sentir esa opresión. Es intentar encontrar algo que nos permita generar la firmeza que necesitamos para decir “nunca más”. Pero no es hasta que encontramos a alguien que nos comprende, nos escucha y nos apoya, que logramos encontrar la valentía.

La valentía muestra nuestro poder ante cualquier problemática. De ese poder que permite esclarecer nuestra mente y que nos brinda opciones, caminos y nos permite mirar la luz que nos ha de liberar.

Qué importante es generar redes de mujeres que nos crean, nos apoyen, nos empujen a una mejor vida. Qué importante es contenernos entre nosotras cuando estamos deprimidas, cuando sentimos que las ganas se nos van a acabar. Qué importante es protegernos, resguardarnos entre todas.

El feminismo brinda, precisamente, esa partecita esencial que nos permite acariciar a la compañera valientemente y muy fuerte para poderla sacar del círculo de violencia en el que se encuentra. Porque luchamos día con día porque se respeten los derechos de las mujeres. Sabemos que merecemos paridad en nuestro andar y que, bajo ninguna circunstancia, dejamos de ser personas.

Mujer, no estás sola. Cuando sientas que nadie te puede creer lo que estás viviendo, acércate a una feminista, porque somos quienes entendemos, comprendemos y ayudamos. Las mujeres necesitamos estar unidas para poder generar conciencia.

Mujer, no estás sola. Las feministas te acompañamos, te damos ánimos. No dejes que la mala información te enajene en cosas inapropiadas. Las feministas buscamos el bienestar de todas las mujeres, sin distinción. Porque somos humanas y merecemos respeto, al igual que tenemos derechos.

Cuando necesites que alguien te amplíe el panorama, confía en una feminista. Verás que no te vas a arrepentir. No te queremos ‘‘adoctrinar’’, sólo queremos ayudarte a salir de las garras del machismo que la sociedad te ha impuesto y que tanto te daña. Mujer, no estás sola, jamás lo has estado, pero al patriarcado le conviene que tú lo creas así.

Mujer, no estás sola. Nosotras no te apoyamos porque ‘‘queremos convertirte” al feminismo, sino porque queremos escucharte, ayudarte y sanarte. Porque formas parte del sector al que nosotras pertenecemos y sabemos lo injusto que es vivir con violencia. Sabemos lo que conlleva normalizar aquello que te dicen que está bien, y que no te dejen ser tú misma. Que te ahoguen en insultos, chantajeen, manipulen. Ninguna mujer es libre de violencia machista y por eso merecemos tener redes de apoyo que nos hagan mirar una luz en el camino. Para nosotras, el feminismo es esa red. Y sería hermoso que decidieras unirte a ella, si es tu deseo. No podemos obligarte a ponerte las gafas moradas, pero sí podemos demostrarte que lo que vives tiene un nombre y no solo te pasa a ti, y que puedes salir de allí y florecer.

Mujer, no estás sola. Nunca lo has estado.


Por Tessa Galeana.

(Redactora Invitada)

El feminismo duele

El Feminismo Duele

 El universo es una estructura en forma de tablero…  les seres humanes somos piezas establecidas de manera estratégica, nos movemos en cierta forma para poder llegar a obtener nuestras metas… una fuerza especial nos mueve y nos coloca en el sitio necesario, muches lo llaman destino, destino es lo que nos pertenece a les seres humanes, quienes somos capaces de descubrir las desavenencias de la universalidad extrema, somos capaces de saber que nuestros movimientos en el tablero son realmente interpuestos y presionados para nuestra supuesta realización total.

El ser humane maneja su vida de tal manera, que pareciera que es el único ser que sabe lo que hace en este universo, lo impresionante de esto es que realmente no sabemos lo que somos, nos movemos por inercia, por instinto, sin saber si podemos dañar o realizar algo mucho mejor de lo establecido.

Cada ser es especial, cada pieza del universo es real y necesaria para poder sobrellevar una mejor existencia, nada es por casualidad, todo lo que fuimos es lo que somos y lo que seremos en toda la eternidad. Algunos se van, otros se quedan, finalmente nadie sabe realmente lo que pasa en el otro universo. Pareciera que tenemos un universo paralelo al nuestro, como si algo fuerte estuviera en nuestras narices y nosotros no podemos verlo, el ser humano sólo ve lo que quiere ver, sólo ve lo que es capaz de ver. Cuando alguien demuestra ver más allá de lo que todos podemos ver, es juzgado como una persona diferente, una persona que no merece ser escuchada y pero aún, una persona que será eternamente ignorada y tratada como loca, sin privilegio a expandir sus creencias, condenado a callar sin ser escuchada, sin poder expresar absolutamente nada.

Para una mujer, la condena es mayor cuando es capaz de expresar su sentir, sin temor a ser reprimida, la valentía para generar nuevas ideas es lo que distingue a una mujer capaz. Ser feminista representa la capacidad de expresar y demostrar que somos especiales, que cada una de nosotras, a pesar de ser piezas en un tablero, tenemos mente propia y somos capaces de generar ideas diferentes, “pensamientos raros” y para muchas/os, ser como fenómenas/os.

La manera de expresar nuestras ideas, es precisamente, hacerlo sin temor a ser juzgadas como diferentes, de hecho, es parte del cuestionamiento que nos vamos formando cada día. Cuestionarse corresponde al entendimiento de que en este plano, nada es igual e idéntico, cada pieza es única, con características especiales que nos distinguen a las unas de los otros… aunque de carisma no se trata, una cosa es la personalidad y otra la mentalidad que cada ser humana/o podamos tener en nuestros adentros. Así, yo puedo ser compatible con alguien que no tiene la misma personalidad que yo, pero sí la misma mentalidad…

Es extraño poder comprenderlo, aunque no imposible… todas/os somos diferentes, con cualidades especiales. Es una regla que debería ser establecida como la fórmula para comprender las diferentes formas de convivencia de las sociedades.

Ser feminista es un estilo de vida más que una simple manera de pensar. Ser feminista es tomar conciencia, cuestionarse, mirar y sentir la vida de otra manera. Duele ser feminista porque quitarse la venda de los ojos representa ya no permitir injusticias, entender lo que no es normal permitir, es ir contra corriente. Pero sin duda, el feminismo nos permite encontrar razones para reencontrarnos, seleccionar lo que nos hace bien, tomar decisiones concretas para nosotras y por nosotras.

Sociedades que nos encarcelan, nos asesinan, nos violan es motivo suficiente para no volver a ponernos la venda y cuestionarnos.


Tessa Galeana.

Redactora invitada.

Cuando lo personal también es político

Las mujeres a lo largo de la evolución de la sociedad hemos sido relegadas a ser tratadas
como una minoría conceptual (entiéndase conceptual, ya que somos el 50% de la
población). A medida que esta evolución se ha llevado a cabo, se han construido unas
estructuras mediante las cuales se ha querido naturalizar dicho tratamiento, lo que quiere decir que se ha intentado ver como natural que las mujeres hayamos tenido el papel de sumisas y obedientes, acudiendo a discursos médicos anacrónicos establecidos en los siglos XVIII y XIX (Tal como lo describe Paul B. Preciado en “el manifiesto contrasexual”), lo que resulta demasiado inverosímil ya que la mayoría de tareas que se desempeñan en la sociedad capitalista en la que vivimos en esta segunda década del siglo XXI poco tienen que ver con las “diferencias biológicas” que describen tales discursos médicos que quisieron establecer como naturales la asignación de roles de género dependiendo de la genitalidad con la que nacen las personas.
El capitalismo y el patriarcado han sido aliados inseparables desde el establecimiento del
primero como sistema económico, en el cual se ha relegado a las mujeres el trabajo de
reproducción de la mano de obra e igualmente los trabajos domésticos y de cuidado,
inculcándole siempre el compromiso de ejecutar estas obligaciones por amor y de manera gratuita (Como lo describe ampliamente Silvia Federici en Calibán y la Bruja).

Así pues, bajo esta alianza, los hombres mayoritariamente han sido quienes acceden a los trabajos pagos y ya que en el capitalismo el acceso al ejercicio de los derechos de las personas se ve delimitado por el acceso al capital, el poder ha sido ejercido mayoritariamente por los hombres, lo que es injusto ya que esto nos ha orillado a ocupar un nivel inferior en la sociedad capitalista desde sus inicios.

Por eso yo te invito a que te enojes y salgas a reclamarle a la sociedad lo que es tuyo,
porque nadie pide nacer con pene o con vagina y es completamente injusto que este sea el criterio que haga que ocupes un lugar en la sociedad.


 

**Sandra**

Cuidados post aborto

Como sabemos, los métodos de la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) son farmacológicos o quirúrgicos, los cuidados que debes tener después de cualquiera de éstas intervenciones son relevantes para tu bienestar y salud sexual. En ésta reseña te contaremos los cuidados que por protocolo clínico deben seguir los hospitales que realizan el IVE (Impartidos por la OMS), y algunos consejos recomendados por curanderas y parteras de la comunidad Ticuna de la selva Amazónica.

Antes de comenzar…

Recuerda que el IVE farmacológico se realiza mediante la administración de Misoprostol (También conocido como Cytotec®, Industol® o Cytil®) éste medicamento produce contracciones musculares y distensiona el cuello de la matriz, lo cual permite la expulsión del producto del embarazo. Vas a sangrar más que en una menstruación, puede (es decir, no siempre ocurre) tener efectos TRANSITORIOS como náuseas, dolor de cabeza, escalofríos, vómito, diarrea o calambres.

Abajo, te damos los protocolos médicos y consejos de cómo manejar los efectos transitorios si es que llegan a presentarse.

Por otro lado, el IVE quirúrgico también conocido como Legrado, o aborto por aspiración es un método muy seguro que dependiendo del país donde te encuentres, se realiza hasta cierta semana de gestación (Está avalado por la OMS y la FIGO, con 99% de probabilidad de éxito).  Consiste en una aspiración manual intrauterina, es decir, dilatan tu canal vaginal, introducen un aparato que aspira el contenido de la pared uterina, para posteriormente hacer un ‘legrado’’ o un raspado de pared uterina. El proceso tiene una duración de 15 minutos.  Puede que en el procedimiento sientas un dolor muy similar a los cólicos, pero la recuperación después de la intervención es de 1 hora, es decir, es muy rápida.

Abajo te dejamos las recomendaciones médicas, y consejos para el manejo de los síntomas comunes (Ojo, te repetimos, no es en todos los casos). También te dejamos las señales de alarma después IVE (tanto quirúrgico como farmacológico) para que las tengas en cuenta.

Recuerda que los niveles hormonales en el embarazo cambian, así que algunos síntomas pueden persistir por la presencia de éstas hormonas en el cuerpo.

Para el IVE farmacológico:

Para el manejo del dolor…

  1. Toma analgésicos como el ibuprofeno, nunca antiespasmódicos: Medicamentos antiespasmódicos se cruzan químicamente con el misoprostol reduciendo su efectividad en las contracciones uterinas. Si prefieres probar con las plantas, te sugerimos las infusiones recurrentes de diente de león o amapola, éstas dos plantas son conocidas por tener altas concentraciones de alcaloides y taninos, moléculas potentemente antiinflamatorias que reducen el dolor sustancialmente.
  2. El reposo es fundamental ¡Debes dormir mínimo 8 horas! Y evitar los ejercicios cardiovasculares.

Por si presentas Vómito, náuseas o diarrea…

  1. ¡Que no cunda el pánico! éstos síntomas pueden ser por la presencia de las hormonas del embarazo y el ‘’choque químico’’ que causa el consumo del misoprostol.
  2. Evita las comidas altas en carbohidratos o grasas por esos días, aumenta el consumo de proteína vegetal.
  3.  Toma jugos de frutas de la familia myrtaceae como Guayabas, Feijoas, etc, pues ésta familia de plantas tiene propiedades de regulación digestiva.

 SIGNOS DE ALERTA

 El aborto farmacológico es bastante seguro si tu salud es buena, pero si presentas alguno de los siguientes síntomas, debes acudir rápidamente a un hospital:

  1. Sangrado abundante (si empapas más de cuatro toallas higiénicas normales en el lapso de dos horas).
  2.  Sangrado continuo durante varios días que produzca mareo o desvanecimiento.
  3. Sangrado que se detiene, pero pasadas dos semanas o más, es seguido por el inicio repentino de un sangrado intenso.
  4. Sangrado escaso o ningún sangrado en absoluto en los primeros siete días después de iniciado el tratamiento lo cual puede indicar que no ocurrió un aborto y se requiere una valoración médica para considerar una interrupción quirúrgica.
  5. Escalofrío y fiebre por más de 24 horas, en tal caso debe descartarse la presencia de una infección que será necesario tratar clínicamente.

 

Para el IVE quirúrgico:

  1. Como es muy probable que presentes dolores similares a los menstruales, y un sangrado ligero, el dolor se puede controlar con un analgésico genérico como el ibuprofeno o acetaminofén.
    Te sugerimos seguir los consejos de la la partera Rosalba* de la comunidad ticuna de la selva amazónica colombiana,  ella recomienda hacer ligas, las cuales consisten en un poco de agua hervida con hojas, en éste caso algodón (Deben ser más hojas que agua, por cada vaso de agua, son tazas de hoja de algodón) . Debes sentarte encima de un recipiente con ésta mezcla durante 15  minutos dos veces al día, aparte de regular el sangrado y el dolor, el algodón es antimicótico, es decir que impedirá que te contagies de hongos vaginales, además de todo ésto tiene propiedades anticonceptivas.
  2. Para las posibles molestias mamarias que puedas tener, la partera Rosalba recomienda el uso de la planta de coco, puedes frotar tus senos con éste aceite ligeramente tibio. O puedes tomar infusiones con la corteza de la palma de coco. Éstas dos prácticas aliviarán las molestias y ayudarán a  regular las hormonas que provocan que las glándulas mamarias se activen.
  3. Puede que sientas algunos mareos, pero es mejor simplemente guardar reposo.

 

Exige ecografía si notas síntomas que no cesan o muy fuertes. Es tu derecho ser asistida tras la intervenciones.

Ahora, te presentamos la partera Rosalba, tiene 45 años de experiencia en partería y reside en Puerto Nariño.

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Te mandamos un caluroso abrazo y apoyo incondicional de parte de todas las Femicanas.


 

Escrito por:
Sofía Pérez Ramírez

Universidad Nacional de Colombia.

Yo soy feminista

 

Me piden que no me ciegue

Que no me ponga una venda

Cuando en realidad me la estoy quitando.

Me piden que no me ciegue

Por cantar con fervor el himno antipatriarcal.

 

Me dicen feminazi por gritar contra el acoso, la violación y los feminicidios.

Me dicen feminazi por plantear mi postura con firmeza.

 

No soy suficiente mujer para ellos porque no sigo sus ridículos roles de género

No soy suficiente mujer porque no me callo.

No soy suficiente mujer porque no acepto el machismo en ninguna de sus formas.

 

Pero ¿acaso me interesa ser mujer para ellos? ¿acaso me interesa ser para ellos?

No. No me interesa.

No me interesa porque soy mujer para mí misma.

No me interesa porque llevo un legado en mi espalda,

un legado de mujeres, que al igual que yo

no fueron mujeres para ellos pero sí para ellas mismas.

Fueron mujeres también, para levantar, apoyar y abrazar a otras mujeres.

Fuimos, todas, mujeres para luchar.

Mujeres para transformar.

Mujeres para ser libres.


 

***Guerrera Violeta***


 

ESTOY FURIOSA

Estoy furiosa, indignada, impotente. Nos piden a nosotras que no seamos violentas cuando en el mismo día que le dan perpetua a Galarza absuelven a Panadero, uno de los policías imputados por el crimen de Natalia Melmann, hace 17 años, secuestrada, violada y estrangulada en Miramar.

Pudimos contar 300 femicidios en un año, y ¿saben cómo se manifiesta nuestra violencia? En frases que posteamos por Facebook, sin amenazar a nadie, sin matar ni violar a nadie. Pero celebran la igualdad porque a Nahir le dieron perpetua; cuando el juicio más largo por femicidio en nuestro país llevó 36 meses, cuando hay femicidas que todavía no tienen condena ni prisión preventiva.

Pero los factores que ponen en la balanza para tratarnos de violentas tienen que ver con una maldición escrita, o una quema de corpiños en el centro: y por eso nos dicen violentas.

Y sinceramente es algo que nunca voy a poder entender, que seamos nosotras las asesinadas, empaladas, quemadas y descuartizadas y por reclamar y exigirnos libres y con vida, nos digan violentas, no me cabe en la cabeza. Me vuelvo loca tratando de explicar ese fenómeno, me digo que el patriarcado, que los medios de comunicación, etcétera, etcétera, pero no me alcanza, no puedo creerlo y ya.

Y disculpen que sea tan subjetivo este escrito, pero necesito quitarme la bronca y me bastará que por lo menos una persona lea y comprenda lo que siento, todos los sentimientos que en este momento recorren literalmente mi cuerpo, mi cabeza.

Romper un sistema y encima cuidar de no herir las susceptibilidades de quienes aún no están preparados para iniciar la reflexión y cuestionarse su posición, no podemos con todo.

Allá ustedes si eligen todavía, y después de todo, llamarnos violentas por hacer el barullo necesario para ser oídas, mientras una de nosotras es cruelmente asesinada cada día; allá ustedes…


***Colo***

Silenciadas

Boceto de Anónimo.


Nada nunca les interesó tanto como el silencio. Shhh, no hagas ruido. Silencio, no grites, no se ve bien en una nena.

Callate, callate o te doy un sopapo! A mi no me levantes la voz!

Gritá todo lo que quieras, nadie va a venir a ayudarte! Calladita y flojita, no me hagás poner loco! Callate puta!

Callar y soportar. Callar y morir.

El silencio nos fué comiendo, nos tapó la boca, nos asfixió, nos adormecimos al punto de perder la conciencia.

Perdimos tanto, tantas veces que ya no reaccionábamos.

No se lo cuentes a tu mamá, porque te va a retar. No se lo digas a nadie.

¿Qué es lo que tanto hablás con tus amigas? ¡Callate loca! ¡A quién estás llamando?

Pero el silencio no es por siempre.

De repente se escuchan voces, se oyen gritos, nos despertamos casi sin voz, tratamos de unirnos y nos abrazan, nos levantan, nos ayudan. Estamos de pie. Nos fortalecemos. Renacemos.

Desaprendemos el silencio y de pronto tenemos voz! Nos recuperamos, nos conocemos, nos quitamos la culpa que dejó el silencio y salimos. Afuera de nosotras, con nuestras hermanas.

Despertamos, sí, estamos despiertas y tomamos sus manos amorosas.

Caminamos, ya no huimos. Nuestro grito rompe el silencio para siempre y se abre paso, corre por las calles y llama a todas, las une y las levanta.

Estamos todas con la voz viva, con las gargantas fuertes, con los puños en alto gritando por aquellas que aún callan y por aquellas que ya no estarán.

Nuestras voces se unen en cantos. Aprendemos de cada grito, de cada queja, de cada palabra. Nace un grito de rebeldía desde nuestras entrañas. Sentimos la voz de nuestra hermana que marcha a nuestro lado.

Somos todo lo que quisieron callar, ya no pueden. Nunca más.


***Juana a la hoguera***