Rethinking the Apocalypse: An Indigenous Anti-Futurist Manifesto *Traducción*

La traducción es una actividad creativa y brinda un margen de decisión y acción política. 

Esta es una traducción de Rethinking the Apocalypse: An Indigenous Anti-Futurist Manifesto, documento que fue publicado www.indigenousaction.org. El radicalismo anti-industria de sus aseveraciones me animaron a tomar una decisión traductológica también radical. Desde el abolicionismo del género se cuestiona la nueva usanza, al menos en entornos medianamente educados de América hispanohablante, el uso de la letra E para modificar y “neutralizar” el género gramatical de cada palabra. Se supone que este experimento neolingüístico pretende “incluir” a la “diversidad de géneros” como una estrategia de desmantelamiento del patriarcado. Opino que esto no puede estar más lejos de ser útil o conveniente, y más bien afianza el temor y la prohibición de darle a las mujeres un lugar más protagónico en el discurso. Es un eco de la nueva doctrina que sitúa en núcleo de creación de significado a la “identidad autopercibida” de género de cada persona. Es una falacia que relativiza y amplía el significado de las palabras mujer y hombre, y el uso del lenguaje en torno a los sexos, hasta el punto en que se vacía de significado.

Como un pequeño acto de resistencia decidí subvertir en vez de relativizar el género de las palabras, respetando el funcionamiento y la integridad de cada vocablo, en la medida de lo posible. En un texto con la fuerza de éste, el uso político de los pronombres y del género de los sustantivos y los adjetivos da cuenta del efecto mental de darle protagonismo a las mujeres y a la calidad de hembra, fundamental para la constitución de una estructura social y de significado. 

Repensando el apocalipsis: Un manifiesto Indígena Anti-Futurista

Esta es una transmisión desde un futuro que no sucederá. De un pueblo que no existe.

Repensando el apocalipsis: un manifiesto anti-futurista.

“El fin se acerca. ¿O ya ha venido y se ha ido antes?

– Una ancestra

¿Por qué podemos imaginarnos el fin del mundo, pero no el fin del colonialismo?

Vivimos el futuro de un pasado que no es el nuestro.

Es una historia de fantasías utópicas e idealización apocalíptica.

Es un orden social patógeno de futuros imaginados, construidos sobre el genocidio, la esclavización, el ecocidio y la ruina total.

¿Qué conclusiones deben ser entendidas en un mundo construido con huesos y metáforas vacías? Un mundo de finales fetichizados calculados en medio de la ficción colectiva de espectros virulentos. Desde los tomos religiosos hasta el entretenimiento científico ficcionalizado, cada imaginada línea de tiempo construida de manera tan predecible; inicio, nudo, y por último, El Desenlace.

En esta narrativa hay inevitablemente un protagonista luchando contra una Otra Enemiga (¿una apropiación genérica de la espiritualidad Africana/Haitiana, un “zombi”?), y te cuento el final: no eres tú ni yo. Tantos están tan ávidos de ser los únicos sobrevivientes del “apocalipsis zombi”. Pero estas son metáforas intercambiables, esta Otra/zombi, este apocalipsis.

Estas metáforas vacías, esta linealidad, sólo existen dentro del lenguaje de las pesadillas, son al mismo tiempo parte de la imaginación apocalíptica e impulso.

Esta manera de “vivir” o “cultura”, es de una dominación que consume todo para su propio beneficio. Es un reordenamiento económico y político que encaja en una realidad que descansa sobre pilares de competencia, propiedad y control en la búsqueda de rédito y explotación permanente. Profesa “libertad” aunque sus cimientos se enraizan en tierras robadas mientras que su estructura misma está construida por vidas robadas. Es esta misma “cultura” la que debe tener siempre una Enemiga Otra, para echarle la culpa, para hacer el reclamo, para confrontar, esclavizar y asesinar.

Una enemiga subhumana a la cual no solamente está permitido someter sino que también se espera que sea sometida a todas las formas de violencia extrema. Si no tiene una Otra inmediata, una construye  meticulosamente. Esta Otra no está hecha de miedo pero su destrucción es forzada por él. Esta Otra es constituida a partir de axiomas apocalípticos y miseria permanente. Este Extrañamiento, esta enfermedad del egoísmo caníbal, manifiesta quizás su mejor síntoma en su estratagema más sencilla, en la de nuestra reconstrucción silenciada:

Son sucias, no son aptas para la vida, son inútiles, son incapaces, son desechables, son infieles, carecen de valor, están hechas para beneficiarnos, odian nuestra libertad, son indocumentadas, son raras, son negras, son indígenas, son menos, están en contra de nosotros, hasta que finalmente, no son.

En este mantra constante de violencia reformulada, en el que eres Tú o son Ellas. Es la Otra quien es sacrificada por una continuidad inmoral y cancerosa. 

Es la Otra quien es envenenada, quien es bombardeada, quien es abandonada silenciosamente entre los escombros.

Esta forma de no ser que ha infectado todos los aspectos de nuestras vidas, que es responsable de la aniquilación de especies enteras, la intoxicación de los oceanos, el aire y la tierra, el desmonte y quema de bosques enteros, el encarcelamiento masivo, la posibilidad tecnológica de una guerra que acabe con el mundo, y las crecientes temperaturas a escala global, esto es la política letal del capitalismo, es pandemia. 

Un final que ya ha pasado antes. 

La invasión física, mental, emocional y espiritual de nuestras tierras, cuerpos y mentes para colonizarlas y explotarlas, es colonialismo. Barcos que navegan con vientos envenenados y mareas ensangrentadas atravesando el océano impulsados con un aliento superficial y un impulso de esclavitud, millones sobre millones de vidas fueron extinguidas silenciosamente antes de que pudieran nombrar a su enemigo. 1492. 1918. 2020… Mantos de guerra biológica, el exterminio del Búfalo, nuestro pariente, la condenación de ríos dadores de vida, la incineración de la tierra inmaculada, las marchas forzadas, el encarcelamiento pactado, la educación coercitiva a través del abuso y la violencia. La cotidianidad de la post-guerra, el post-genocidio, negociando la humillación post-colonial de nuestro lento suicidio en masa en el altar del capitalismo; trabajar, producir, pagar, rentar, beber, coger, reproducirse, jubilarse, morir. Está al lado del camino, está en oferta en los mercados indígenas, sirviendo bebidas en el casino, surtiendo mostradores, son las agradables Indias detrás de ti. Estos son los regalos de los destinos manifiestos que nos infestan, este es ese imaginario futurizado del que nuestros captores nos obligarían a hacer parte y al que nos habrían obligado a perpetuar. La imposición despiadada de este mundo muerto fue liderado por una utopía idealizada como Mausoleo, fue “por nuestro propio bien” un acto de “civilización”. Matar a la “India”; matar nuestro pasado y con él, nuestro futuro. “Salvar al hombre”; imponiendo otro pasado y con él otro futuro. 

Estos son los ideales apocalípticos de los abusadores, racistas y hetero-patriarcas. La ciega fe doctrinal de aquellos que sólo pueden ver la vida a través de un prisma, un caleidoscopio fracturado de una guerra total e infinita.

Es un apocalipsis que coloniza nuestras imaginaciones y destruye nuestro pasado y nuestro futuro simultáneamente. Es una lucha para dominar el significado humano y toda existencia.

Este es el futurismo del colonizador, el capitalista. Es a un mismo tiempo cada uno de los futuros robados alguna vez por el saqueador, el militarista y el violador.

Esto siempre se ha tratado de la existencia y la no existencia. Es el apocalipsis, actualizado. Y siendo un destino fatal la única certeza, el colonialismo es una plaga.

Nuestras ancestras entendieron que no se puede razonar ni negociar con esta manera de ser. Que no puede ser mitigada ni redimida. Entendieron que el apocalipsis solo existe en absolutos.

Nuestras ancestras soñaron en contra del fin del mundo.

Han pasado muchos mundos antes de este. Nuestras historias tradicionales están estrechamente tejidas en el tejido del nacimiento y el final de los mundos. A través de estos cataclismos hemos aprendido muchas lecciones que han formado lo que somos y la forma como debemos ser entre nosotras. Nuestras maneras de ser se nutren al encontrar armonía desde y hacia la destrucción de los mundos. La elíptica. Nacimiento. Muerte. Renacimiento.

Tenemos un desconocimiento de historias y más historias del mundo que es parte de nosotras. Es el lenguaje del cosmos, habla en profecías talladas hace mucho en las cicatrices donde soñaron nuestras ancestras. Es la danza fantasmal, los siete fuegos, el nacimiento del Búfalo Blanco, la séptima generación, son los cinco soles, está escrito en piedra cerca a Oraibi, y más allá. Estas profecías no son solamente predictivas, también son diagnósticas e instructivas. Somos las soñadoras soñadas por nuestras ancestras. Hemos atravesado todo el tiempo entre los alientos de nuestros sueños. Existimos al mismo tiempo con nuestras ancestras y las generaciones no nacidas aún. Nuestro futuro está en nuestras manos. Es nuestra mutualidad e interdependencia. Es nuestro familiar. Está en los pliegues de nuestras memorias, doblado cuidadosamente por nuestras ancestras. Es nuestro Sueño colectivo, y es Ahora. En ese entonces. Mañana. Ayer.

La imaginación anti-colonial no es una reacción subjetiva a los futurismos coloniales, es un futuro anti-colonizador. Nuestros ciclos de vida no son lineales, nuestro futuro existe sin tiempo. Es un sueño, no colonizado. 

Este es el anti-futuro indígena.

No nos importa cómo llaman nuestros enemigos a su mundo muerto ni cómo nos reconocen o nos admiten a nosotras o a estas tierras. No nos importa re-implementar sus maneras de manejar el control o honrar sus acuerdos o legislaciones muertas. No serán compelidos a terminar con la destrucción sobre la cual se predica su mundo. No nos plegamos ante ellos para acabar con el calentamiento global, pues es la conclusión de su imperativo apocalíptico y su vida está edificada sobre la muerte de la Madre Tierra.

Enterramos a la derecha y la izquierda en la tierra que ellos ansían consumir tan ávidamente. La conclusión de la guerra ideológica de la política colonial es que los Pueblos Indígenas siempre pierden, a menos que nos perdamos a nosotros mismos. Los capitalistas y los colonizadores no nos llevarán a la salida de sus futuros muertos.

La idealización apocalíptica es una profecía que se autosatisface. Es el fin lineal del mundo desde adentro. La lógica apocalíptica existe dentro una zona muerta espiritual, mental y emocional que también se canibaliza a sí misma. Son los muertos que se levantan consumir la vida toda.

Nuestro mundo vive cuando su mundo deja de existir.

Como anti-futuristas Indígenas, somos la consecuencia de la historia del futuro del colonizador. Somos la consecuencia de su guerra contra la Madre Tierra. No permitiremos que el espectro del colonizador y los fantasmas del pasado ronden las ruinas de este mundo. Somos la actualización de nuestras profecías. 

Esta es la re-emergencia del mundo de los ciclos. Esta es nuestra ceremonia. 

Entre cielos silenciosos. El mundo respira de nuevo y la fiebre cede. 

La tierra está en silencio. Esperando a que escuchemos

Cuando hay menos distracciones, vamos al lugar del que emergieron nuestros ancestros.

Y su/nuestra voz.

Hay una canción más vieja que los tiempos de acá, sana más profundo que lo que la cuchilla del colonizador podría cortar nunca. 

Y allí, nuestra voz. Siempre fuimos sanadoras. Esta es la primera medicina.

El colonialismo es una plaga, el capitalismo es pandémico.

Estos sistemas son anti-vida, no serán forzados a curarse a sí mismos 

No permitiremos que estos sistemas corruptos y enfermos se recuperen.

Nos extenderemos.

Somos los anticuerpos.

+ + + +

Addendum:

En nuestro pasado/su futuro fueron los ataques no sistemáticos y no lineales a la infraestructura crítica como instalaciones de gas, corredores de transporte, suministros de energía, sistemas de comunicación, y más, los que hicieron del colonialismo poblador una imposibilidad en estas tierras.

– Nuestra organización era celular, no requería movimientos formales.

– La ceremonia era/es nuestra liberación, nuestra liberación era/es ceremonia.

– Honrábamos a nuestras sagradas enseñanzas, nuestros ancestros y las generaciones por venir.

– No tomábamos el crédito de nada. No expedíamos comunicados. Nuestras acciones eran nuestra propaganda.

– Celebramos la muerte de la solidaridad izquierdista y su miope romanticismo apocalíptico.

– No pedimos nada de los capitalistas/colonizadores.

– + + + + 


Fuentes:

  1. http://www.indigenousaction.org/rethinking-the-apocalypse-an-indigenous-anti-futurist-manifesto/?fbclid=IwAR1pC1xdMebIae_LYkHD9TC6NMTxdggeJMKOCE9ByOIWPlUfjeZkIZetxL2.
  2. En el original “weitko disease”, enfermedad del egoísmo. [N. de T.]

Victoria Argoty

Redactora invitada

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